martes, 7 de abril de 2015

SANGRE COMO AGUA

Los hermanos ya no eran hermanos. Se cruzaron en la calle de casualidad. El instante duró una eternidad. Uno hizo que marcaba un número inexistente en el celular, el otro, en cambio, mantuvo la vista firme, mirando hacia adelante, a la nada. 
Sí, era cierto, el instante fue una eternidad, pero como todo concluyó. Si había una oportunidad pasó de largo. Fue la confirmación de que la sangre no significa nada. Es como el agua. No para de lavar y en todo caso, lo que la sangre une, la vida lo termina separando.  
La ciudad era inmensa y siguieron su camino como si nada, hasta volver a perderse.
Los hermanos ya no eran hermanos, iban a seguir siendo un par de extraños, hasta el final de los días.

Claudio Miranda
Marzo 2015

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