Era difícil hallarse en un lugar. Era bastante complicado sentirse a gusto en algún ámbito.
En la facultad de económicas de la UBA donde me recibí de economista, me veían raro porque era profesor de tenis. En el club de tenis me veían raro porque iba a la facultad de económicas para recibirme de economista.
Más tarde en el trabajo, era raro porque escribía y enseñaba tenis, y en los círculos literarios, raro por ser economista y profesor de tenis.
Llovían prejuicios por todas partes. No existía lugar en donde no se me mirara con extrañeza. Era como esos personajes que caen en el lugar y en la hora equivocada. Entonces soñaba con encontrar algún día un sitio en dónde a nadie le importara quién era, ni a dónde iba, ni de dónde venía. Pero no tardé mucho en advertir que una cosa así no existía sobre la faz de la tierra, que estaba condenado a ser un sujeto raro por el resto de mis días. Terminé aceptando mi destino con entereza. Después de todo, la gente "normal" nunca ha sido de mi agrado.

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